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Dos proyectos de turismo sustentable

La Niña y Pipinas Viva son emprendimientos de la provincia de Buenos Aires que ponen en práctica principios básicos de desarrollo sostenible en el turismo. Una reseña de su origen y sus fundamentos. Dos ejemplos admirables.

Land art en La Niña

Land art en La Niña

La importancia del turismo sustentable es trascendental para, por un lado, la conservación de los recursos naturales, el elemento vital de la actividad turística, como también para la mejor calidad de vida de las personas relacionadas con esos recursos. De algún modo, el desarrollo sustentable del turismo permite una profunda transformación en la dinámica social de las comunidades anfitrionas, y facilita que lo que en muchos casos es un “círculo vicioso” se convierta en un “círculo virtuoso”. Emprendimientos de turismo sustentable pueden representar el impulso vital que modifique situaciones sociales y económicas problemáticas, y que los beneficios se repliquen tanto en las comunidades receptoras como en las emisoras.

En los últimos años ha crecido notablemente en la actividad turística argentina el acuerdo  acerca de la necesidad de implementar proyectos de turismo que respeten el espacio físico y cultural de los lugares donde se desarrollan. Son contundentes los argumentos  que asocian las prácticas turísticas que van en una dirección diferente con los efectos económicos y sociales negativos. De este modo, diversos organismos  del campo del turismo enfatizan la importancia de sostener un criterio responsable que interrelacione la actividad turística tanto con el ambiente como con el patrimonio cultural de los lugares.

La modalidad del turismo que mejor manifiesta esta dinámica, el turismo sustentable, puede ser abordado desde diversas perspectivas, las cuales echarán luz sobre diferentes procesos dentro de esta actividad económica. Un fenómeno que merece ser analizado con precisión es el que está vinculado con los aspectos culturales que entran en funcionamiento en este tipo de práctica, y que a su vez movilizan una serie de construcciones de significación cultural en los espacios en los que surgen.

Dos experiencias concretas, con particularidades propias cada una, se dieron en la provincia de Buenos Aires, una en la ciudad de Pipinas y la otra en las cercanías de la ciudad de 9 de Julio, Pipinas Viva y La Niña Pueblo Rural, respectivamente. Los dos proyectos surgieron a partir de la necesidad de reconstruir un tejido social, y cultural, que había sido dañando profundamente – el primero a partir de los efectos negativos provocados por el cierre de una fábrica fundamental para la economía de la zona, y el segundo como consecuencia de los perjuicios generados por una devastadora inundación.

Pipinas Viva

Pipinas Viva

Pipinas Viva  es una cooperativa que recupera y pone en funcionamiento un hotel en una región afectada por el cierre de la fábrica Loma Negra en el año 2001. El cierre de la cantera, motor económico primordial para la región, provocó el desempleo del veinte por ciento de la población de Pipinas, y el eventual éxodo de la mayor parte de la población. En el año 2006 la cooperativa “Pipinas Viva” desarrolló un proyecto hotelero que pretende involucrar a la comunidad en la recuperación social y económica del lugar.

Casi simultáneamente, pero por motivos diferentes, el pueblo La Niña también sufrió un profundo impacto cuando las inundaciones del año 2001 anegaron una amplia porción del suelo que era explotado para la producción agropecuaria. Sin embargo, varios pobladores vislumbraron que la abundancia de peces en las tierras inundadas representaba un atractivo turístico, y es así que modificaron su modo de producción para ofrecer servicios turísticos a los visitantes. Ese emprendimiento incluso convocó a personas relacionadas con el arte, y en el año 2006 se inauguró una obra llamada “Brote liminal”, una manifestación artística dentro del “Land art”, en la cual diversos tipos de cereales típicos de la zona – soja, trigo y maíz – se plantaron conformando un diseño de  variedad cromática y de formas que puede apreciarse en su totalidad desde vuelos en avioneta y globo que se ofrecen.

La Niña

La Niña

Para poder comprender mejor las ventajas del turismo sustentable, precisamente en su aspecto más intangible, el cultural, es conveniente analizar de qué modo se han podido materializar en casos concretos. Son éstos los que permitirán tener una mirada más profunda y abarcativa de las implicancias de la actividad turística orientada a la sustentabilidad.

Dentro de la complejidad que caracteriza al turismo, como una actividad que puede ser analizada desde diversas perspectivas, es factible tomar un enfoque que de cuenta de aquellos aspectos ligados más íntimamente con la sustentabilidad generada por determinados emprendimientos turísticos. Para ello, es necesario definir qué se entiende por “turismo”, y particularmente por “turismo sustentable”.

Se ha definido el turismo como un “conjunto de fenómenos de desplazamiento temporal y voluntario, relacionado con el cambio del medio y del ritmo de vida, y vinculado a la toma de contacto personal con el medio visitado en sus aspectos culturales, naturales y sociales” (Organización Mundial del Turismo [OMT],1975). Aunque esta definición se ocupa principalmente de la actividad turística desde el punto de vista del que se traslada, permite reconocer que el visitante de un determinado lugar no tiene un acercamiento de tipo pasivo con el espacio que visita, sino que se vincula con cuestiones que hacen tanto a la naturaleza del medio como a la cultura de la sociedad que allí habita. Ese contacto implica una dinámica de intercambio inevitable; son afectados todos los actores involucrados, tanto los que realizan la visita como los que son “visitados”.

Esa interacción parece darse en direcciones múltiples; los habitantes de un determinado espacio se relacionan con el medio natural en el que se encuentran inmersos, los habitantes se vinculan con los visitantes, y éstos últimos a su vez entran en contacto con el espacio que visitan. Es precisamente el modo en el que se da esa multiplicidad de dinámicas de intercambio el que genera un cierto tipo de desarrollo local que puede llegar a ofrecer las condiciones necesarias para la sustentabilidad.

Con respecto a esa manera de interactuar que permite el desarrollo sustentable, Gustavo Capece sostiene que el turismo, como “la actividad económica productora de bienes y servicios”, debe respetar “los límites físicos del espacio en que se desarrolla y los psíquicos de los habitantes de ese espacio y demás actores que intervienen en ella” (1997:65). De esta manera, Gustavo Capece hace intervenir en el fenómeno del turismo a tres componentes que parecen conformar una suerte de triángulo, en cuyos vértices se encuentran el espacio geográfico, las personas que lo habitan y los visitantes que se acercan a él, y cuyos lados pueden representar ese nexo de doble circulación que se produce entre cada uno de esos actores.

La forma que puede tomar ese esquema triangular de intercambio dependerá de las nociones que sostengan cada uno de los aspectos que lo integran. Dentro de lo que se ha denominado “turismo sustentable”, el concepto de “espacio” que sintetiza la multiplicidad de las circunstancias que allí se presentan es el que expresa Olivier Dollfus en El espacio geográfico. El autor define ese tipo de espacio como “el soporte de unos sistemas de relaciones, determinándose unas a partir de los elementos del medio físico (arquitectura de los volúmenes rocosos, clima, vegetación), y las otras procedentes de las sociedades humanas que ordenan el espacio en función de la densidad del poblamiento, de la organización social y económica, del nivel de las técnicas, en una palabra, de todo el tupido tejido histórico que constituye una civilización” (Dollfus 1976:8).

Esta concepción del espacio en el que se desarrolla un determinado grupo de personas, incluye de manera sustancial el entramado cultural que los integra dentro de ese contexto geográfico. Según Jurij Lotman, la cultura constituye un sistema de signos que tiene la “capacidad de condensar la experiencia humana” (1979:68), y de ese modo “organiza estructuralmente el mundo que rodea el hombre” (Lotman 1979:70). Desde un punto de vista semiótico de la cultura, el cual ve al lenguaje como el dispositivo a partir del cual se modeliza o estructura ese tejido al que se refiere Dollfus, Lotman explica que “la cultura puede representarse como un conjunto de textos; pero desde el punto de vista del investigador, es más exacto hablar de la cultura como mecanismo que crea un conjunto de textos y hablar de los textos como realización de la cultura” (1979: 77).

Este eje, el cual une a las personas que habitan un cierto territorio entre sí y con el espacio geográfico en el que se encuentran, es necesario para que sea posible un desarrollo sustentable del turismo. Como precisa Regina Schlüter (1993), se entiende como “turismo sustentable” al que “se sustenta en el medio físico-cultural por lo cual derivó de él”. Para que ésto se produzca, como agrega Noemí Wallingre (1998:72), la actividad turística debe desarrollarse “sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones”. En este sentido, Capece (1997:83) aclara que la cultura debe ser tratada como un factor “de la producción de un turismo perdurable en el tiempo y el espacio”.

Por último, en lo que respecta al tercer factor interviniente, el turista, la categoría que mejor describe el tipo de turismo sustentable, según la clasificación desarrollada por Miguel Ángel Acerenza, es la de “turismo alternativo”. “Las personas que practican el turismo alternativo … desean conocer y tener un contacto más estrecho con los pueblos y sus manifestaciones culturales…” (Acerenza, 1984:48). Así se completa esta relación triádica que pone en funcionamiento una serie de vínculos con rasgos específicos, los cuales, aunque pueden ser diversos, apuntan a un desarrollo que integra la cultura y el desarrollo turístico.

Lista de referencias:

Acerenza, M. A. (1984). Administración del Turismo. Conceptualización y organización. México: Trillas.

Capece, G. (1997). Turismo sostenido y sustentable. Una visión holística. El Bolsón: Edición del autor.

Debesa, F. (2001, mayo 5). Pipinas: Una localidad que se niega a convertirse en un pueblo fantasma. Clarín. Recuperado el 20 de mayo de www.clarin.com/diario/2001/05/13/s-04401.htm

Dollfus, O. (1976). El espacio geográfico. Barcelona: Oikos-tau.

Lotman, Jurij (1979), Semiótica de la cultura. Madrid: Cátedra.

Organización Mundial del Turismo. (1975). Políticas de aviación y turismo. Madrid: Saldos de beneficios. Citado en: Wallingre, N. y Toyos, M. (1998). Diccionario de Turismo, Hotelería y Transportes. Buenos Aires: Edición del autor.

Organización Mundial del Turismo. (2004). Desarrollo Sostenible del Turismo. Definición conceptual. Recuperado el 25 de mayo de 2009 de www.world-tourism.org/sustainable/esp/top/concepts.html

Organización de las Naciones Unidas. (1992). Programa 21. Recuperado el 11 de abril de 2009 de www.un.org/spanish/esa/sustdev/agenda21/index.htm

Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación. (s.f.). Programa de Turismo Sustentable y Ambiente. Recuperado el 11 de abril de 2009 de www.ambiente.gov.ar/?idseccion=67

Schlüter, R. (1993). El fenómeno turístico. Buenos Aires: Fundación Universidad
Hernandarias.